Mark Twain (traducción al español) 1601- Conversation as it was by the Social Fireside in the Time of the Tudors


 1601 es el título de un texto corto, subido de tono y satírico escrito por Mark Twain , publicado por primera vez anónimamente en 1880, y finalmente reconocido por el autor en el año 1906.

Escrito como un extracto del diario de uno de  los coperos de la reina Isabel I  , el folleto pretende grabar una conversación entre Elizabeth y varios escritores famosos de la época (Ben Jonson , Francis BaconShakespeare y Walter Raleigh 

1601 fue, según  Edward Wagenknecht , “la obra más famosa de la pornografía en la literatura americana “. Sin embargo, fue más que obscena por la supuesta pornografía, su contenido era más bien de carácter  irreverente / comico y considerado vulgar .

Antes de las decisiones de los tribunales de los Estados Unidos en 1959-1966 que legalizaron la publicación de El amante de Lady Chatterley , Trópico de Cáncer , y Fanny Hill , la pieza sigue considerarse no imprimible, y se distribuyó clandestinamente en ediciones limitadas impresas en privado.

La mas conocida es la  “West Point edición”),   50 ejemplares que ordenó el propio Mark Twain en una visita al lugar,  salió en 1882.  Twain admitió la autoría en 1906.

La obra  se mantuvo no imprimible por los principales editores hasta los años 1960, y continuó siendo publicadas por pequeñas editoriales privadas. Su caracterización como “pornografía” fue satirizado por Franklin J. Meine en la introducción a la edición de 1939.  Meine había publicado una nueva edición hecha a mano en 1951 en la ciudad de Chicago .

http://en.wikipedia.org/wiki/1601_(Mark_Twain)

Esta pequeña joya de Mark Twain, que hasta ahora no había sido traducida al español, nos ha llegado al Blog por cortesía de una de nuestras colaboradoras y aquí os la dejo, en honor y gloria del gran  Samuel Langhorne Clemens (Mark Twain) uno de los mas grandes escritores de todos los tiempos.

1601-by-mark-twain

1601, Mark Twain

Conversación tal como aconteció en una velada junto al fuego en tiempos de los Tudor

 

[Memorándum.-  El siguiente texto está extraído del diario de uno de los Pepys (*) de aquel tiempo, siendo este el Copero Mayor de la Reina Isabel. Se supone que proviene de un antiguo y noble linaje, que desprecia a la canalla literaria, que su alma se consume de cólera al ver a  la Reina rebajándose al trato de semejante compañía, y que el anciano siente su nobleza deshonrada por el contacto de gente como Shakespeare y otros, pero, aun así, tiene que quedarse allí hasta que Su Majestad le permita retirarse.]

 

ANOCHE tuvo Su Majestad la Reina un antojo de los que acostumbra tener, y reunió en su aposento a unos tales que escriben representaciones teatrales, libros y cosas semejantes, siendo estos Milord Bacon, Su Excelencia Sir Walter Ralegh, el Señor Ben Jonson, y el joven Francis Beaumonte, que, con no más de dieciséis años, se ha encomendado a la tarea de verter a los maestros latinos a nuestra lengua inglesa, con gran discreción y mucho aplauso. También estaba entre ellos el famoso Shaxpur. Extraña mezcla, en verdad, de sangre noble y baja, más en especial cuanto que estaba presente la Gracia de la Reina, y asimismo las siguientes, a saber: la Duquesa de Bilgewater, de veintiséis años de edad; la Condesa de Grandby, de treinta; su hija, Lady Helen, de quince; así como dos damas de honor, a saber, Lady Margery Boothy, de sesenta y cinco, y Lady Alice Dilberry, cumplidos sus setenta, siendo así que superaba en dos a la Gracia de la Reina.

Siendo yo el Copero Mayor de Su Majestad, no tuve más opción que quedarme a contemplar, olvidado del rango, a señores junto a plebeyos departiendo en iguales términos. Un gran escándalo, de conocerlo el mundo.

Ya en lo más animado de la conversación, acaeció que alguien soltó una ventosidad, de potencia tan extraordinaria como desoladora fue su pestilencia, a lo cual todos rieron hasta que les dolieron las mandíbulas, y después:

LA REINA

 ¡Vive Dios que en mis sesenta y ocho años no oí pedo que igualarse pueda! Estimo que, por su gran estruendo y clamor, ha de ser masculino. Mas, la barriga que lo albergara, ahora debería caer flaca y plana contra la columna de quien haya liberado volumen tan vasto e imponente, considerando que los vientres de los que llevan badajo son hermosos, serenos y redondos. Ruégole confiese al autor de la criatura. ¿Acaso querrá hablar mi Lady Alice?

LADY ALICE

 Vuestra Virtuosa Gracia, de tener yo espacio para tal batería de truenos en mis viejas entrañas, no es razonable que pudiera descargarla y vivir para agradecerle a Dios el haber elegido a tan humilde servidora para mostrar Su Poder. No, que no fui yo quien ha creado esta portentosa y densa niebla, esta plúmbea fragancia. Por lo que ruego busque en otra parte.

 LA REINA

 ¿Acaso debemos a Lady Margery  este honor a la concurrencia?

LADY MARGERY

 Siendo deseo de mi Señora, diré que mis miembros son débiles bajo el peso y agostamiento de sesenta y cinco inviernos, y me conviene ser delicada con ellos. Por la providencia divina, que de haber yo contenido este portento, ciertamente me habría llevado todo el ocaso de mi menguante vida expulsarlo entre temblores y agitación de alma; no lanzarlo de golpe con tan incomparable brío que podría arrancarme violentamente la vida y desgarrar mi débil osamenta cual harapo raído. No fui yo, Vuestra Majestad.

LA REINA

 ¡En el nombre de Dios! ¿A quién debemos el favor? ¿Acaso ha sucedido que un pedo se ventosee a sí mismo? No uno como este, a fe mía. ¿El joven Señor Beaumonte? Mas no, le habría elevado a las Alturas como al cuerpo de plumón de un ganso. Tampoco fue la pequeña Lady Helen. No, no os ruboricéis, pequeña, vos deleitaréis vuestra tierna doncellez con muchos chillidos de ratón antes de que aprendáis a expeler un huracán así. ¿No fuisteis vos, mi instruido e ingenioso Jonson?

JONSON

 Tan fiera detonación nunca saludaron mis oídos. Ni tampoco fetidez tan penetrante e inmortal. No fue obra de un novato, mi buena Majestad, sino de alguien de veterana experiencia, ­-de otro modo, habría adolecido de la seguridad en sí mismo-. Ciertamente no fui yo.

LA REINA

¿Milord Bacon?

LORD BACON

 No es de mis enjutas entretelas de donde estalló el prodigio, si me permite Su Gracia. Nada conviene a los grandes demostración tan grande, y felizmente convendréis que no es de la mediocridad de donde tal milagro ha partido.

Aunque el asunto no fuera sino un pedo, este tedioso pozo de erudición filosofaba con solemnidad. Mientras, aquella peste tan nauseabunda y letal persistía alrededor hasta un grado que jamás olí algo semejante, más no me atrevía a abandonar la estancia, por más que me estuviera asfixiando.

LA REINA

¿Que dice su Excelencia el Señor Shaxpur?

SHAXPUR

 Me pongo en manos de Dios para proclamar mi inocencia. Ni aunque las inmaculadas huestes celestiales hubieran anticipado la venida de tan devastador efluvio, proclamándolo como la obra de un hombre poco inspirado; tan estremecedores truenos,  esta podredumbre que atascaría el firmamento, no las habría creído yo logros propios de ese hombre dando rienda suelta al curso de su naturaleza, sino que habría dicho: “¡El mismísimo Pozo del Infierno ha emanado este hedor y la artillería Celestial ha agitado el Globo en rendida admiración!”

Entonces se hizo un silencio y cada uno de los presentes se volvió hacia su Excelencia Sir Walter Raleigh, el atezado, aguerrido y sanguíneo aventurero, que levantándose, sonrió y simplemente dijo:

SIR WALTER

 Mi Graciosísima Majestad, fui yo quien lo hizo, pero ciertamente fue nota  tan débil y lastimera comparada con las que suelo aportar, que, en verdad, me sentí avergonzado de llamar  propia a esa fruslería delante de tan augusta Presencia. No fue nada –menos que nada, mi Señora-. Lo hice tan solo por aclarar mi garganta inferior, mas de haber venido preparado, habría ofrecido algo digno. Le ruego indulgencia a Vuestra Gracia, hasta que pueda redimirme.

Entonces el susodicho expulsó tal bomba impía estremeciendo las piedras, que todos tuvieron a bien taparse los oídos, y siguiéndole a esto, llegó tal densa y nauseabunda fetidez, que lo que llegara antes pareció cosa pobre e insignificante a su lado. Entonces dijo él, fingiendo rubor y confusión “Observo que estoy débil hoy y no puedo hacer justicia a todo mi potencial”  y se sentó como diciendo “Ya está, no es mucho, mas aquel que tenga un culo que liberar, que supere a este, si cree que puede.”

Por Dios, que de ser yo la Reina, al punto habría echado a este presuntuoso fanfarrón fuera de la corte, donde soltara sus aires de grandeza y sus intolerables ventosidades ante sordos, y allí donde acogieran con agrado su peste sofocante.

Entonces empezaron a hablar de los usos y costumbres de muchos pueblos, y el Señor Shaxspur habló del libro de Sir Michel Montaigne, en el cual se mencionaba la costumbre de las viudas de Perigord, consistente en llevar sobre su tocado, en señal de viudedad, una joya con forma de miembro viril, lánguido y flexible. Lo cual provocó la risa de la Reina, que dijo que las viudas en Inglaterra llevan vergas también, pero entre sus muslos, y que tampoco son lánguidas sino hasta que el coito les ha hecho su servicio. El Señor Shaxpur también observó que Monsieur de Montaigne se había referido a cierto emperador de habilidad tan portentosa, que tomó a diez doncellas en el transcurso de una sola noche. Y mientras, su emperatriz entretenía a veintidós lascivos caballeros entre sus sábanas, y aún así no quedaba satisfecho. A esto, la alegre Condesa de Granby comentó que un carnero es aun superior al emperador, ya que cubre un centenar de ovejas entre sol y sol y que después, si no tiene más que tirarse, se masturba hasta inundar acres enteros con su semilla.

Después habló, el maldito molino de viento Sir Walter, de un pueblo de la parte más remota de América, que no copulaba hasta haber cumplidos los treinta y cinco años de edad, los hombres; así como veintiocho, las mujeres y lo hacían solo una vez cada siete años.

LA REINA

 ¿Acaso eso le gustara a mi pequeña Lady Helen? ¿Os enviaremos a esos confines para preservar vuestro vientre?

LADY HELEN

 Con el permiso de su Graciosa Majestad, mi vieja niñera me ha dicho que hay más maneras de servir a Dios que cerrando los muslos. Con todo, estoy dispuesta a servirle también de ese modo, ya que la Gracia de su Majestad sirve como ejemplo.

LA REINA

 Por los clavos de Cristo que es una buena respuesta, niña.

LADY ALICE

 Tal vez la voluntad se os debilite cuando os brote el vello bajo el ombligo.

LADY HELEN

 Mas no, que ha dos años que brotó. Apenas puedo cubrirlo con mi mano ya.

LA REINA

 ¿Oísteis eso, mi pequeño Beaumonte? ¿No tenéis un pequeño pajarito por ahí que se agita al oír de tan dulce nido?

BEAUMONTE

 No es insensible, mi más ilustre Señora, pero las tímidas lechuzas y los murciélagos de baja condición no deben aspirar a bendición tan sobrecogedora y extasiante como las que se hallan en los mullidos nidos de las aves del Paraíso.

LA REINA

 Por Dios, que este es un elegante cumplido. Con lengua como la vuestra, muchacho, vos abriréis los marfileños muslos de no pocas damas deseosas cuando llegue vuestro momento, siempre que vuestra bragueta sea tan mañosa como vuestro verbo.

Entonces contó la Reina cómo conoció al viejo Rabelais teniendo ella quince años, y que este le habló de un conocido de su padre, el cual tenía un doble par de cojones, tras lo cual siguió grande controversia relativa al modo correcto de escribir la palabra, alcanzando dicha controversia su punto álgido entre el instruido Bacon y el ingenioso Jonson, hasta que al final, la vieja Lady Margery, harta de ello, dijo:

LADY MARGERY:

Caballeros, ¿qué importancia tiene como se escriba la palabra? Yo os aseguro que cuando uséis los cojones no pensaréis en ello. Y mi Lady Granby, alegraos y dejad la ortografía. Vos disfrutaréis su golpear en vuestras nalgas igual, a fe mía. Antes de alcanzar mis catorce años, yo ya había aprendido de ellos que solían explorar los coños, sin pararme a considerar su escritura correcta.

SIR WALTER: 

 Ciertamente, cuando surge la ocasión, retrasarla no lleva más que al devaneo. Bocaccio cuenta la historia de un cura que sedujo a una doncella para llevarla a su celda. Ya allí, se arrodilló en un rincón a dar gracias por haber sido bendecido con la dicha en forma de doncella que el Señor le enviaba. Pero el abad, que espiaba por la cerradura, vio una parda mata de vello, con blanca piel desnuda en sus alrededores, por lo cual, cuando el cura terminó sus oraciones, la oportunidad se le había escapado, por tanto que la tierna doncella no tenía más que un único coño y ya lo tenía ocupado para su entera satisfacción.

Después conversaron sobre religión y de la portentosa obra realizada por el difunto anciano Lutero por la Gracia de Dios. A continuación hablaron de poesía, y el Señor Shaxpur leyó una parte de su “Rey Enrique IV”, el cual se me antojó de no más valor que el de un culo lleno de cenizas, mas fue alabado efusivamente por todos y cada uno de los presentes.

El mismo leyó un fragmento de su “Venus y Adonis” para la prodigiosa admiración de los presentes, mientras que yo, soñoliento y fatigado, la estimé insignificante zarandaja. Mas mi consternación fue máxima cuando el sanguinario bucanero volvió a expeler una flatulencia y volvió al tema de los pedos, con tan villano entusiasmo que en ese momento estaba seguro de que me asfixiaba otra vez. Dios maldiga tan pedorro rufián junto con toda su descendencia. Ojalá arda en Infierno.

Departieron sobre la maravillosa defensa que el viejo Nicholas Throgmorton hizo de sí mismo ante los jueces en tiempos de la Reina María, lo que resultó una mención desafortunada, ya que llevó a decir a la Reina “Lástima que, teniendo tanto ingenio, no fuera suficiente para guardar intacta la virginidad de su hija hasta el lecho conyugal”, y la Reina echó una mirada al maldito Sir Walter que le hizo avergonzarse, dado que ella no olvidaba que él había sido su propio amante en aquellos tiempos. Hubo entonces un silencio embarazoso, pues no era un buen momento para tomar la palabra, ya que si la Reina podía encontrar ofensa en un pequeño y simple acto libertino, cuando las vergas estaban duras y los coños no oponían resistencia a aliviarles la dureza, quién entre los presentes estaba libre de pecado. Considerando que, ¿no fue la esposa del Señor Shakspur quien llevaba un hijo de cuatro meses cuando llegó ante el altar? ¿No fue a su Gracia de Bilgewater a la que se beneficiaron cuatro caballeros antes de tener marido? ¿No llegó la pequeña Lady Helen a este mundo el mismo día de la boda de su madre? Y bien mirado, ¿no eran Lady Alice y Lady Margery allí presentes, siempre con la religión en la boca, putas desde la cuna?

Más tarde, dieron en disertar sobre Cervantes y sobre el nuevo pintor Rubens, del que ya empieza a oírse hablar. Con bellas palabras y frases exquisitamente pulidas se expresaron las damas esta vez, ya que una o dos de ellas habían sido, en otros tiempos, pupilas de ese pobre asno llamado Lyly. Y observé que si Jonson y Shaxpur se rebullían por soltar algún sarcasmo envenenado, no se atreverían entre la concurrencia, siendo la Gracia de la Reina la misma la flor de los Eufuistas (**). Pues, considerando que ellos lo eran también, tener una habilidad y admirársela entre ellos, pero estar celoso cuando el prójimo la muestra, tampoco le sería tolerado a uno mismo durante mucho tiempo. Por lo cual, era notorio que la reina estaba molesta. Y acto seguido, el discurso pomposo y grandilocuente salido de la boca de Lady Alice, donde que se vanagloriaba de sí misma, colmó la paciencia de la Reina, que escuchó hasta el final el chabacano parlamento y luego, enarcó las cejas y con enorme ironía, dijo con remilgo: “¡Oh…! ¡Mierda!” Lo que provocó que todos rieran, excepto Lady Alice, la estúpida vieja zorra.

Después Sir Walter rememoró la historia que una vez oyó relatar a la ingeniosa Margarita de Navarra sobre una dama que, cuando iba a ser violada por un viejo arzobispo, astutamente ideó una artimaña para salvar su doncellez, y le dijo: “Primero, señor, ruego os saquéis el santo instrumento y meéis delante de mí”. Tras lo cual, ¡vaya! su miembro bajó y ya no volvió a levantarse.

* Pepys. Samuel Pepys, célebre diarista inglés (1633-1703).

http://es.wikipedia.org/wiki/Samuel_Pepys

**Eufuistas. Estilo amanerado, pomposo y florido, que se puso de moda en la corte isabelina a raíz de la publicación de “Euphues o la anatomía del ingenio” de John Lyly (1554-1606).

http://es.wikipedia.org/wiki/Eufuismo

Y un poco más sobre este estilo:

http://blogs.elnortedecastilla.es/franciscoarias/2008/07/26/lyly-francisco-arias-solis/

DE:  Sienna

Mas textos traducidos de Mark Twain en este blog: 

https://elinquisidoranteelespejo.wordpress.com/2012/05/26/mark-twain-candidato-a-gobernador/

https://elinquisidoranteelespejo.wordpress.com/2012/01/09/consejos-para-la-juventud-1882-de-mark-twain/


4 respuestas a “Mark Twain (traducción al español) 1601- Conversation as it was by the Social Fireside in the Time of the Tudors

  1. Pingback: 1601 | Obsexiones
  2. Me alegra que te gustara, Alacena : )

    Es un texto un poco fuera de lo común, creo que un divertimento donde Twain se despachó bastante a gusto. Aunque se le atribuye un carácter cálido de trato, compasivo, bastante entrañable en general, con un humor casi constante pero no hiriente, también se sabe que le encantaba el lenguaje vulgar y muy a menudo le devolvían los manuscritos “a ver si era tan amable de suavizar” esta o cual expresión en sus novelas, etc. Así que estaba harto de editores y tipógrafos en ese aspecto. Estos, porque le corregían ortografía y signos de puntuación que él quería dejar como estaban, y soltaba una retahíla de exabruptos contra el tipógrafo de turno. Los otros, porque le “recomendaban” ser más eufemístico…no se le fuera a tachar de racista, o “antialgo”, porque reproducía sin correcciones políticas el lenguaje vulgar en sus personajes que oía, conocía y utilizaba (o había utilizado) en sus tiempos de piloto de barco navegando por el Misisipi. Y él se defendía diciendo por ejemplo: “A mi edad cuando me presentan a alguien ya no me importa si es blanco, negro, católico, musulmán, judío, capitalista, comunista… me basta y me sobra con que sea un ser humano. Peor cosa no podría ser.” Jaja.

    Así que estaba bastante hasta los pelos de todo tipo de censuras, más o menos “amigables”, ya en su tiempo, porque eran el pan de cada día. Y cabe suponer que en un texto como este (y todos los que escribió para publicar cien años después de su muerte, de tipo antirreligioso, etc. para que no afectara la crítica tampoco a sus herederos, y que no han salido a la luz hasta 2010) se desquitó un poco, o bastante, por el lado del lenguaje. Eso sin dejar de lado la crítica, la sátira que encierra un texto así, que tampoco tiene desperdicio.

    Muy buena tu pregunta sobre qué pensaría Mark Twain de lo que está pasando, qué podría haber dicho o escrito en tiempos como estos. Me has hecho darle vueltas durante varios días. La verdad es que no lo sé. Pero se me ha ocurrido que en su “Decadencia del arte de mentir” da algunas claves. Si se miente (y se miente…), por lo menos que se haga bien. Como el decía en ese texto, “¡La Mentira es la Décima Musa, la Cuarta Gracia, la mejor y más segura amiga del hombre!” jaja. Y por supuesto, una virtud que como tal, debe cultivarse con el mayor esmero.

    “No existe hecho más firmemente establecido que el de considerar la mentira como una necesidad de nuestras circunstancias…por tanto, la deducción de que es una virtud, por sabida, se calla. Ninguna virtud puede llegar a su máximo esplendor sin ser cuidadosa y diligentemente cultivada…; por ende, se cae de su peso que ésta debería enseñarse en las escuelas públicas, al calor del hogar, y hasta en los periódicos”.

    Pues bien, uno de los grandes problemas que tenemos ahora mismo es que se miente fatal. Creo que Twain estaría estupefacto hace tiempo viendo cómo nos mienten nuestros políticos, leería la prensa con gafas de sol y utilizaría tapones para los oídos a la hora de seguir un telediario, excepto para la información meteorológica, siempre que las previsiones fueran malas. Porque, como también decía, lo único que no miente y vaya si se cumple, es el pronóstico del tiempo cuando dicen que va hacer un tiempo de mil demonios…

    Pero claro, las sartas de mentiras, las patrañas que saltan a la vista; las mentiras que se cazan, ya no a lo largo de los años, sino de un día para otro…creo que deberían parecerle el colmo de la incompetencia y la torpeza a una criatura tan sensible al tema como él. Tenemos mentirosos y mentirosas que usan la mentira tan torpemente que, no solo no benefician a nadie (que es lo que convierte a la mentira en virtud, en beneficio para las relaciones y en bella arte, según Twain) sino que, al mentir tan rematadamente mal, perjudican a los demás e incluso, el colmo de los colmos para ser un inepto mentiroso, mienten perjudicándose a sí mismos…Y tan torpes son que, aunque las encuestas les den una intención de voto cada vez menor, siguen erre que erre, ya no sin decir una verdad, sino mintiendo, reincidiendo, de la manera más obtusa y chapucera.

    Así que, resumiendo, Alacena, creo que estaría avergonzado, y horrorizado. Y que seguramente estaría promoviendo una petición en Change.org para que los políticos hagan un curso obligatorio de “Mentira nivel Principiante”, qué menos, sin el cual nunca podrían optar a entrar en una lista electoral. Y menos aún, a un cargo en el gobierno.

    Siena : )

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