Narcisos


Cuenta la mitología que, in illo tempore, en los bosques griegos, había una ninfa que se llamaba Eco, a quien la diosa Hera había castigado con no poder hablar (bueno, repitiendo sólo la última sílaba de lo que la preguntasen). El motivo de tal castigo venía porque Eco entretenía y distraía a Hera con historias diversas mientras Zeus, el jefe de los dioses, engañaba a la tal Hera con múltiples amantes, que para eso era el jefe. Resulta que la antedicha Eco, a base de repetirse, acabó enamorándose de un tal Narciso, que era un guaperas de tomo y lomo y al que le habían pronosticado una larga vida siempre y cuando no se mirase a si mismo. Narciso era un pasota que despreciaba los enamoramientos de todas y Eco no fue una excepción. La pobre ninfa se encerró en una cueva y a base de no cuidarse, ni comer ni beber, acabó desintegrándose, quedando únicamente su voz que repetía la última sílaba de una frase de cualquiera. Esa voz que aún permanece, los de estos tiempos la llamamos eco ¿os suena?. En base a tal desprecio, los dioses se cabrearon y Némesis, la diosa de la venganza, se las apañó para que Narciso se viera reflejado en las aguas de un estanque. Y claro, no se puede ser tan guaperas. Narciso se miró, se enamoró de si mismo y allí se quedó hasta que la palmó sin dejar de admirarse en ningún momento. Dicen que en el sitio donde murió, nació la flor que lleva su nombre. Aparte de la flor, la etimología de la palabra narcisista es más comprensible. Entre nosotros digamos que se trata de esas personas que se enamoran intrínsicamente de su propia apariencia y suelen ser gente hermosa y bien parida. Lógico, porque un tío calvo, barrigón, feo y peludo si se enamora de si mismo es, además de lo indicado, absolutamente gilipollas. Nihil obstant, es un vicio que suele resultar caro: crema para los granos, pecas y lunares, visitas al dentista para blanqueamiento y fundas de molares, caninos e incisivos, lámpara solar y sesiones de rayos uva para dorarse, más sesiones pero de láser para acomodar y desaparecer ciertos pelillos, gimnasio, sauna, masajes, inyecciones de colágeno en las patas de gallo, tintes, aparatos alargadores de pene, química para el sostenimiento de lo alargado… en fin, una pasta. En el caso de las mujeres la cosa es diferente porque normalmente ya suelen estar suficientemente jamonas y si se gastan los euros es simplemente porque les gusta rozar el absolutismo de la perfección. Ellos suelen amar el placer solitario y se destrozan a manolas (léase pajas). Se colocan ante el espejo palillo en mano y rezan el rosario al compás de la zambomba. A ratos paran y se alaban el ciruelo con adjetivos sublimes y principescos tales como “príapo de Alejandría”, “Pito sandunguero”, “Banana de dulce” o cosas de esas. Y así se pasan horas y horas y no se corren, lo que les produce nerviosismo, estrés, dolor de huevos y aerofagia. Ellas chispa más o menos ¿eh? Que se tumban, echan mano a la pipa y empiezan con aquello de “Venus ebúrnea” o “Tetas de plata” y acaban con lo más sonoro de “Conejazooo”, “Gruta de oro”, “Chumino presssiossssooo” o “Chochote incunable”. Les pasa igual, se enrollan de mala manera con las alabanzas, no se corren y esa cachondez contenida les produce a su vez artritismo, prurito anal y aerofagia sonora. Lo verdaderamente típico y original se produce cuando se junta una pareja hétero de estas y acuerdan compartir un polvo. Como le gusta volver a los orígenes, usan dos grandes espejos pegados por el culo, les hacen un agujero y les colocan cuatro patas (a los espejos). El tío se pone boca arriba, se pone el espejo encima como si fuera un catre y saca la minga por el agujero antes citado. La tía se pone encima del otro espejo, se acomoda lo que sobresale y empieza la faena. Y no escribo aquí las cosas que se dicen porque me da corte. Cuando acaban, cada uno limpia su parte del espejo de flemas, humores, sudores, exudaciones y demás secreciones aprovechando de paso la coyuntura para continuar con la propia admiración y piropeo anexo. Lo cual, evidentemente, es otro gasto añadido a los ya antes citados porque más vale agenciarse un buen par de espejos, gruesos y blindados ya que siempre existe el peligro de cualquier tontería de agrietamiento con eso el calor y el movimiento y la liamos. Y si no, acordaros lo que le pasó a las torres gemelas por un par de avioncitos de nada.


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